Al ritmo de las sambas salteñas, el camino de ripio sacudía la camioneta 4x4 en la que nos trasladábamos como si fuéramos nada en medio de esas montañas inmensas, y con cada nueva curva un colorido diferente... rojos intensos, ocres, el verde del cardón, tierra, y más arriba el cielo y el sol, escondido tras las cumbres. Así llegamos a Piedra del Molino, el punto más alto. Desde allí el paisaje es imponente. Y ahora, ante nuestros ojos, la Cuesta del Obispo.
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Cuentan los lugareños que la cuesta recibe su nombre en homenaje a un obispo que murió en la zona, cuando una piedra para moler de grandes proporciones que transportaba desde Salta Capital a Cachi, en un carro tirado por mulas, lo aplastó. Desde entonces, el religioso es testigo omnipresente de cada nuevo viaje, cual guardián oculto de los viajantes. |